{"id":3882,"date":"2021-04-04T08:35:09","date_gmt":"2021-04-04T08:35:09","guid":{"rendered":"https:\/\/vicaria6.bizkeliza.net\/?p=3882"},"modified":"2021-04-04T08:35:09","modified_gmt":"2021-04-04T08:35:09","slug":"3882","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vicaria6.bizkeliza.net\/?p=3882","title":{"rendered":""},"content":{"rendered":"<div class=\"itemHeader\">\n<h2 class=\"itemTitle\">\u00bfQUI\u00c9N RESUCITA HOY?<\/h2>\n<p>https:\/\/www.feadulta.com\/<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.feadulta.com\/es\/buscadoravanzado\/itemlist\/user\/80-mar%C3%ADateresas%C3%A1nchezcarmona.html\" rel=\"author\">Mar\u00eda Teresa S\u00e1nchez Carmona<\/a><\/p>\n<\/div>\n<div class=\"itemRatingBlock\"><a href=\"https:\/\/vicaria6.bizkeliza.net\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/cropped-resureccion.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-3871 alignleft\" src=\"https:\/\/vicaria6.bizkeliza.net\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/cropped-resureccion.jpg\" alt=\"Resurecci\u00f3n\" width=\"512\" height=\"197\" srcset=\"https:\/\/vicaria6.bizkeliza.net\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/cropped-resureccion.jpg 512w, https:\/\/vicaria6.bizkeliza.net\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/cropped-resureccion-300x115.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 512px) 100vw, 512px\" \/><\/a>\u00bfQui\u00e9n no ha sentido, en alg\u00fan momento de su vida, la experiencia de morir? \u00bfQui\u00e9n no ha sufrido el dolor f\u00edsico, casi som\u00e1tico, de una separaci\u00f3n indeseada, de una palabra mal dicha, de un proyecto que se trunca, de un no sentirse comprendido o aceptado?<\/div>\n<div class=\"itemBody\">\n<div class=\"itemFullText\">\n<p>Cada uno de nosotros lleva grabadas infinitas peque\u00f1as muertes en su geograf\u00eda \u00edntima. A veces tan peque\u00f1as que no dejan cicatriz visible, pero aun as\u00ed muy grandes. Lo suficiente como para que nos permitan reconocer esas mismas se\u00f1ales de dolor en otros cuerpos y rostros: las bolsas bajo los ojos de la se\u00f1ora que coge el autob\u00fas a las seis de la ma\u00f1ana, el ce\u00f1o fruncido del funcionario que apenas musita un buenos d\u00edas, el temblor en la voz de quien recuerda aquel amor del pasado, la inseguridad de la adolescente que se compara con sus amigas, la frustraci\u00f3n del que no tiene trabajo, o de quien se busca cada ma\u00f1ana en el espejo y no se encuentra. No hace falta tener grandes problemas para sentirnos morir un poco (\u00bfcu\u00e1ntas veces habremos alzado al cielo de otros ojos nuestra plegaria sentida y sincera, como diciendo calladamente: \u201c\u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?\u201d).<\/p>\n<p>S\u00ed, cada uno de nosotros es un testimonio encarnado de resistencia, de resiliencia (ahora que tanto se emplea esta palabra), de aprender a respirar hondo y reencontrar el \u00e1nimo, \u201cel \u00e1nima\u201d, ese soplo vital que nos mantiene vivos. Porque estamos hechos para resucitar. La nuestra es una bella historia de resurrecci\u00f3n, un milagro de fortaleza en la fragilidad que nos impulsa una y otra vez a despertar del letargo, a ponernos en pie, afianzarnos sobre la tierra, dejar atr\u00e1s nuestras fosas y encierros, y seguir caminando con la cabeza erguida y el pecho descubierto. Para volver a la vida, s\u00ed, pero no a la de ayer. Resucitar es recrearnos entra\u00f1ablemente: asomarnos a aquello que nos duele y acariciarlo como quien unge el cuerpo o los pies de la persona amada. Acoger, aceptar, amar, conmovernos desde las entra\u00f1as. Y atrevernos a salir, sin pudor, expuestas las heridas en se\u00f1al de victoria, m\u00e1s conscientes de nosotros mismos, renacidos y a\u00fan dispuestos a hacerlo todo nuevo.<\/p>\n<p>La\u00a0<em>anastasis\u00a0<\/em>es ese dinamismo interno que TODOS y TODAS experimentamos al sentirnos liberados de nuestros miedos e infiernos. De nada sirve admirar este milagro de la Pascua cristiana, este rito de paso o transici\u00f3n, si despu\u00e9s no lo reconocemos en nuestra vida cotidiana. Y de poco sirve, adem\u00e1s, esta experiencia de sanaci\u00f3n personal si no transforma nuestro modo de contemplar a los dem\u00e1s y convivir con ellos. Quien ya pas\u00f3 por una situaci\u00f3n parecida comprende a quien ahora est\u00e1 sufriendo, sabe escuchar (porque tambi\u00e9n un d\u00eda necesit\u00f3 esa acogida), sabe acariciar con palabras y con gestos, domina el lenguaje de la ternura, y sabe conceder espacio, tiempo y dignidad a quienes se encuentran librando esa dura batalla. Porque un d\u00eda fue tambi\u00e9n la suya; porque es la de todos.<\/p>\n<p>Cada uno de nosotros est\u00e1 llamado a ser testimonio de resurrecci\u00f3n para quienes no alcanzan a ver (y aguardan anhelantes) el estallido del alba. En silencio, nos decimos: \u201cYo pas\u00e9 por ese trance que t\u00fa atraviesas hoy y sal\u00ed fortalecido. S\u00e9 de tu dolor y me conmueve. Y en cuanto quiera que venga a partir de ahora, no estar\u00e1s solo\/a. Seguimos adelante. Estoy contigo\u201d. Ayudarnos a morir, ayudarnos a vivir: he aqu\u00ed el milagro que se entreteje cuando dos o m\u00e1s personas se reconocen desde la com-pasi\u00f3n y el amor. La radicalidad de este sentir com\u00fan, de esta comuni\u00f3n que se llena de sentido por lo sentido, nos moviliza e interpela a adoptar una nueva manera m\u00e1s sensible, emp\u00e1tica y receptiva de estar en el mundo. Renacidos una y otra vez de tantas peque\u00f1as crisis, albergamos en nosotros un esp\u00edritu de sabidur\u00eda y fortaleza que nos impulsa a ser portadores de paz, \u201cresucitadores\u201d de otros.<\/p>\n<p>Luego est\u00e1n esas otras muertes: las que nos arrancan de nuestro lado y para siempre a las personas que amamos y que nos aman, y dejan henchido de ausencia el espacio que antes ocupaba su figura. Hermoso y triste vac\u00edo habitado. Quien m\u00e1s, quien menos, sabe a qu\u00e9 me refiero. Hace algo m\u00e1s de dos a\u00f1os perd\u00ed a mi mejor amigo y no ha pasado un solo d\u00eda en que no lo haya recordado. Como la Magdalena, tambi\u00e9n yo fui al sepulcro para visitar y honrar el \u00faltimo lugar en la tierra donde repos\u00f3 el cuerpo de mi amigo. Sab\u00eda que no lo encontrar\u00eda all\u00ed, que aquel nombre sobre esa l\u00e1pida fr\u00eda poco o nada podr\u00eda decirme del hombre que yo hab\u00eda conocido. Fui, no obstante, porque m\u00e1s all\u00e1 del v\u00e9rtigo que produce el abismo, somos materia en busca de un abrazo. Y, como hemos hecho tantos, llor\u00e9 junto a su tumba la tristeza de no volver a verlo. Enterramos a nuestros muertos pensando que con ellos muere tambi\u00e9n una parte de nosotros mismos, una determinada manera de pronunciar nuestro nombre, retazos de una historia hecha recuerdos.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.feadulta.com\/es\/buscadoravanzado\/item\/8638-quien-resucita-hoy.html\">SEGUIR LEYENDO<\/a><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"itemSocialSharing\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfQUI\u00c9N RESUCITA HOY? https:\/\/www.feadulta.com\/ Mar\u00eda Teresa S\u00e1nchez Carmona \u00bfQui\u00e9n no ha sentido, en alg\u00fan momento de su vida, la experiencia de morir? \u00bfQui\u00e9n no ha sufrido el dolor f\u00edsico, casi som\u00e1tico, de una separaci\u00f3n indeseada, de una palabra mal dicha, de un proyecto que se trunca, de un no sentirse comprendido o aceptado? Cada uno de nosotros lleva grabadas infinitas peque\u00f1as muertes en su geograf\u00eda \u00edntima. A veces tan peque\u00f1as que no dejan cicatriz visible, pero aun as\u00ed muy grandes. Lo suficiente como para que nos permitan reconocer esas mismas se\u00f1ales de dolor en otros cuerpos y rostros: las bolsas bajo los ojos de la se\u00f1ora que coge el autob\u00fas a las seis de la ma\u00f1ana, el ce\u00f1o fruncido del funcionario que apenas musita un buenos d\u00edas, el temblor en la voz de quien recuerda aquel amor del pasado, la inseguridad de la adolescente que se compara con sus amigas, la frustraci\u00f3n del que no tiene trabajo, o de quien se busca cada ma\u00f1ana en el espejo y no se encuentra. No hace falta tener grandes problemas para sentirnos morir un poco (\u00bfcu\u00e1ntas veces habremos alzado al cielo de otros ojos nuestra plegaria sentida y sincera, como diciendo calladamente: \u201c\u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?\u201d). S\u00ed, cada uno de nosotros es un testimonio encarnado de resistencia, de resiliencia (ahora que tanto se emplea esta palabra), de aprender a respirar hondo y reencontrar el \u00e1nimo, \u201cel \u00e1nima\u201d, ese soplo vital que nos mantiene vivos. Porque estamos hechos para resucitar. La nuestra es una bella historia de resurrecci\u00f3n, un milagro de fortaleza en la fragilidad que nos impulsa una y otra vez a despertar del letargo, a ponernos en pie, afianzarnos sobre la tierra, dejar atr\u00e1s nuestras fosas y encierros, y seguir caminando con la cabeza erguida y el pecho descubierto. Para volver a la vida, s\u00ed, pero no a la de ayer. Resucitar es recrearnos entra\u00f1ablemente: asomarnos a aquello que nos duele y acariciarlo como quien unge el cuerpo o los pies de la persona amada. Acoger, aceptar, amar, conmovernos desde las entra\u00f1as. Y atrevernos a salir, sin pudor, expuestas las heridas en se\u00f1al de victoria, m\u00e1s conscientes de nosotros mismos, renacidos y a\u00fan dispuestos a hacerlo todo nuevo. La\u00a0anastasis\u00a0es ese dinamismo interno que TODOS y TODAS experimentamos al sentirnos liberados de nuestros miedos e infiernos. De nada sirve admirar este milagro de la Pascua cristiana, este rito de paso o transici\u00f3n, si despu\u00e9s no lo reconocemos en nuestra vida cotidiana. Y de poco sirve, adem\u00e1s, esta experiencia de sanaci\u00f3n personal si no transforma nuestro modo de contemplar a los dem\u00e1s y convivir con ellos. Quien ya pas\u00f3 por una situaci\u00f3n parecida comprende a quien ahora est\u00e1 sufriendo, sabe escuchar (porque tambi\u00e9n un d\u00eda necesit\u00f3 esa acogida), sabe acariciar con palabras y con gestos, domina el lenguaje de la ternura, y sabe conceder espacio, tiempo y dignidad a quienes se encuentran librando esa dura batalla. Porque un d\u00eda fue tambi\u00e9n la suya; porque es la de todos. Cada uno de nosotros est\u00e1 llamado a ser testimonio de resurrecci\u00f3n para quienes no alcanzan a ver (y aguardan anhelantes) el estallido del alba. En silencio, nos decimos: \u201cYo pas\u00e9 por ese trance que t\u00fa atraviesas hoy y sal\u00ed fortalecido. S\u00e9 de tu dolor y me conmueve. Y en cuanto quiera que venga a partir de ahora, no estar\u00e1s solo\/a. Seguimos adelante. Estoy contigo\u201d. Ayudarnos a morir, ayudarnos a vivir: he aqu\u00ed el milagro que se entreteje cuando dos o m\u00e1s personas se reconocen desde la com-pasi\u00f3n y el amor. La radicalidad de este sentir com\u00fan, de esta comuni\u00f3n que se llena de sentido por lo sentido, nos moviliza e interpela a adoptar una nueva manera m\u00e1s sensible, emp\u00e1tica y receptiva de estar en el mundo. Renacidos una y otra vez de tantas peque\u00f1as crisis, albergamos en nosotros un esp\u00edritu de sabidur\u00eda y fortaleza que nos impulsa a ser portadores de paz, \u201cresucitadores\u201d de otros. Luego est\u00e1n esas otras muertes: las que nos arrancan de nuestro lado y para siempre a las personas que amamos y que nos aman, y dejan henchido de ausencia el espacio que antes ocupaba su figura. Hermoso y triste vac\u00edo habitado. Quien m\u00e1s, quien menos, sabe a qu\u00e9 me refiero. Hace algo m\u00e1s de dos a\u00f1os perd\u00ed a mi mejor amigo y no ha pasado un solo d\u00eda en que no lo haya recordado. Como la Magdalena, tambi\u00e9n yo fui al sepulcro para visitar y honrar el \u00faltimo lugar en la tierra donde repos\u00f3 el cuerpo de mi amigo. Sab\u00eda que no lo encontrar\u00eda all\u00ed, que aquel nombre sobre esa l\u00e1pida fr\u00eda poco o nada podr\u00eda decirme del hombre que yo hab\u00eda conocido. 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