{"id":4552,"date":"2021-12-28T12:56:46","date_gmt":"2021-12-28T12:56:46","guid":{"rendered":"https:\/\/vicaria6.bizkeliza.net\/?p=4552"},"modified":"2021-12-28T12:57:57","modified_gmt":"2021-12-28T12:57:57","slug":"carta-a-los-esposos-papa-francisco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vicaria6.bizkeliza.net\/?p=4552","title":{"rendered":"CARTA A LOS ESPOSOS Y ESPOSAS DEL MUNDO- PAPA FRANCISCO"},"content":{"rendered":"<h2><span style=\"color: #0000ff; font-family: 'andale mono', monospace;\">CARTA DEL SANTO PADRE FRANCISCO A LOS ESPOSOS\u00a0<\/span><\/h2>\n<p>Queridos esposos y esposas de todo el mundo:<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/vicaria6.bizkeliza.net\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/pope-francis-g9eaffe14e_1920-1.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\" wp-image-4605 alignleft\" src=\"https:\/\/vicaria6.bizkeliza.net\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/pope-francis-g9eaffe14e_1920-1-150x150.jpg\" alt=\"\" width=\"219\" height=\"219\" srcset=\"https:\/\/vicaria6.bizkeliza.net\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/pope-francis-g9eaffe14e_1920-1-150x150.jpg 150w, https:\/\/vicaria6.bizkeliza.net\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/pope-francis-g9eaffe14e_1920-1-100x100.jpg 100w, https:\/\/vicaria6.bizkeliza.net\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/pope-francis-g9eaffe14e_1920-1-75x75.jpg 75w\" sizes=\"(max-width: 219px) 100vw, 219px\" \/><\/a>Con ocasi\u00f3n del A\u00f1o \u201cFamilia Amoris laetitia\u201d, me acerco a ustedes para expresarles todo mi afecto y cercan\u00eda en este tiempo tan especial que estamos viviendo. Siempre he tenido presente a las familias en mis oraciones, pero m\u00e1s a\u00fan durante la pandemia, que ha probado duramente a todos, especialmente a los m\u00e1s vulnerables. El momento que estamos pasando me lleva a acercarme con humildad, cari\u00f1o y acogida a cada persona, a cada matrimonio y a cada familia en las situaciones que est\u00e9n experimentando.<\/p>\n<p>Este contexto particular nos invita a hacer vida las palabras con las que el Se\u00f1or llama a Abrah\u00e1n a salir de su patria y de la casa de su padre hacia una tierra desconocida que \u00c9l mismo le mostrar\u00e1 (cf. Gn 12,1). Tambi\u00e9n nosotros hemos vivido m\u00e1s que nunca la incertidumbre, la soledad, la p\u00e9rdida de seres queridos y nos hemos visto impulsados a salir de nuestras seguridades, de nuestros espacios de \u201ccontrol\u201d, de nuestras propias maneras de hacer las cosas, de nuestras apetencias, para atender no s\u00f3lo al bien de la propia familia, sino adem\u00e1s al de la sociedad, que tambi\u00e9n depende de nuestros comportamientos personales.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n con Dios nos moldea, nos acompa\u00f1a y nos moviliza como personas y, en \u00faltima instancia, nos ayuda a \u201csalir de nuestra tierra\u201d, en muchas ocasiones con cierto respeto e incluso miedo a lo desconocido, pero desde nuestra fe cristiana sabemos que no estamos solos ya que Dios est\u00e1 en nosotros, con nosotros y entre nosotros: en la familia, en el barrio, en el lugar de trabajo o estudio, en la ciudad que habitamos.<\/p>\n<p>Como Abrah\u00e1n, cada uno de los esposos sale de su tierra desde el momento en que, sintiendo la llamada al amor conyugal, decide entregarse al otro sin reservas. As\u00ed, ya el noviazgo implica salir de la propia tierra, porque supone transitar juntos el camino que conduce al matrimonio. Las distintas situaciones de la vida: el paso de los d\u00edas, la llegada de los hijos, el trabajo, las enfermedades son circunstancias en las que el compromiso que adquirieron el uno con el otro hace que cada uno tenga que abandonar las propias inercias, certidumbres, zonas de confort y salir hacia la tierra que Dios les promete: ser dos en Cristo, dos en uno. Una \u00fanica vida, un \u201cnosotros\u201d en la comuni\u00f3n del amor con Jes\u00fas, vivo y presente en cada momento de su existencia. Dios los acompa\u00f1a, los ama incondicionalmente. \u00a1No est\u00e1n solos!<\/p>\n<p>Queridos esposos, sepan que sus hijos \u2014y especialmente los j\u00f3venes\u2014 los observan con atenci\u00f3n y buscan en ustedes el testimonio de un amor fuerte y confiable. \u00ab\u00a1Qu\u00e9 importante es que los j\u00f3venes vean con sus propios ojos el amor de Cristo vivo y presente en el amor de los matrimonios, que testimonian con su vida concreta que el amor para siempre es posible!\u00bb.[1] Los hijos son un regalo, siempre, cambian la historia de cada familia. Est\u00e1n sedientos de amor, de reconocimiento, de estima y de confianza. La paternidad y la maternidad los llaman a ser generativos para dar a sus hijos el gozo de descubrirse hijos de Dios, hijos de un Padre que ya desde el primer instante los ha amado tiernamente y los lleva de la mano cada d\u00eda. Este descubrimiento puede dar a sus hijos la fe y la capacidad de confiar en Dios.<\/p>\n<p>Ciertamente, educar a los hijos no es nada f\u00e1cil. Pero no olvidemos que ellos tambi\u00e9n nos educan. El primer \u00e1mbito de la educaci\u00f3n sigue siendo la familia, en los peque\u00f1os gestos que son m\u00e1s elocuentes que las palabras. Educar es ante todo acompa\u00f1ar los procesos de crecimiento, es estar presentes de muchas maneras, de tal modo que los hijos puedan contar con sus padres en todo momento. El educador es una persona que \u201cgenera\u201d en sentido espiritual y, sobre todo, que \u201cse juega\u201d poni\u00e9ndose en relaci\u00f3n. Como padre y madre es importante relacionarse con sus hijos a partir de una autoridad ganada d\u00eda tras d\u00eda. Ellos necesitan una seguridad que los ayude a experimentar la confianza en ustedes, en la belleza de sus vidas, en la certeza de no estar nunca solos, pase lo que pase.<\/p>\n<p>Por otra parte, y como ya he se\u00f1alado, la conciencia de la identidad y la misi\u00f3n de los laicos en la Iglesia y en la sociedad ha aumentado. Ustedes tienen la misi\u00f3n de transformar la sociedad con su presencia en el mundo del trabajo y hacer que se tengan en cuenta las necesidades de las familias.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n los matrimonios deben \u201cprimerear\u201d[2] dentro de la comunidad parroquial y diocesana con sus iniciativas y su creatividad, buscando la complementariedad de los carismas y vocaciones como expresi\u00f3n de la comuni\u00f3n eclesial; en particular, los \u00abc\u00f3nyuges junto a los pastores, para caminar con otras familias, para ayudar a los m\u00e1s d\u00e9biles, para anunciar que, tambi\u00e9n en las dificultades, Cristo se hace presente\u00bb.[3]<\/p>\n<p>Por tanto, los exhorto, queridos esposos, a participar en la Iglesia, especialmente en la pastoral familiar. Porque \u00abla corresponsabilidad en la misi\u00f3n llama [\u2026] a los matrimonios y a los ministros ordenados, especialmente a los obispos, a cooperar de manera fecunda en el cuidado y la custodia de las Iglesias dom\u00e9sticas\u00bb.[4] Recuerden que la familia es la \u00abc\u00e9lula b\u00e1sica de la sociedad\u00bb (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 66). El matrimonio es realmente un proyecto de construcci\u00f3n de la \u00abcultura del encuentro\u00bb (Carta enc. Fratelli tutti, 216). Es por ello que las familias tienen el desaf\u00edo de tender puentes entre las generaciones para la transmisi\u00f3n de los valores que conforman la humanidad. Se necesita una nueva creatividad para expresar en los desaf\u00edos actuales los valores que nos constituyen como pueblo en nuestras sociedades y en la Iglesia, Pueblo de Dios.<\/p>\n<p>La vocaci\u00f3n al matrimonio es una llamada a conducir un barco incierto \u2013 pero seguro por la realidad del sacramento \u2013 en un mar a veces agitado. Cu\u00e1ntas veces, como los ap\u00f3stoles, sienten ganas de decir o, mejor dicho, de gritar: \u00ab\u00a1Maestro! \u00bfNo te importa que perezcamos?\u00bb (Mc 4,38). No olvidemos que a trav\u00e9s del sacramento del matrimonio Jes\u00fas est\u00e1 presente en esa barca. \u00c9l se preocupa por ustedes, permanece con ustedes en todo momento en el vaiv\u00e9n de la barca agitada por el mar. En otro pasaje del Evangelio, en medio de las dificultades, los disc\u00edpulos ven que Jes\u00fas se acerca en medio de la tormenta y lo reciben en la barca; as\u00ed tambi\u00e9n ustedes, cuando la tormenta arrecia, dejen subir a Jes\u00fas en su barca, porque cuando subi\u00f3 \u00abdonde estaban ellos, [\u2026] ces\u00f3 el viento\u00bb (Mc 6,51). Es importante que juntos mantengan la mirada fija en Jes\u00fas. S\u00f3lo as\u00ed encontrar\u00e1n la paz, superar\u00e1n los conflictos y encontrar\u00e1n soluciones a muchos de sus problemas. No porque estos vayan a desaparecer, sino porque podr\u00e1n verlos desde otra perspectiva.<\/p>\n<p>S\u00f3lo abandon\u00e1ndose en las manos del Se\u00f1or podr\u00e1n vivir lo que parece imposible. El camino es reconocer la propia fragilidad y la impotencia que experimentan ante tantas situaciones que los rodean, pero al mismo tiempo tener la certeza de que de ese modo la fuerza de Cristo se manifiesta en su debilidad (cf. 2 Co 12,9). Fue justo en medio de una tormenta que los ap\u00f3stoles llegaron a conocer la realeza y divinidad de Jes\u00fas, y aprendieron a confiar en \u00c9l.<\/p>\n<p>A la luz de estos pasajes b\u00edblicos, quisiera aprovechar para reflexionar sobre algunas dificultades y oportunidades que han vivido las familias en este tiempo de pandemia. Por ejemplo, aument\u00f3 el tiempo de estar juntos, y esto ha sido una oportunidad \u00fanica para cultivar el di\u00e1logo en familia. Claro que esto requiere un especial ejercicio de paciencia, no es f\u00e1cil estar juntos toda la jornada cuando en la misma casa se tiene que trabajar, estudiar, recrearse y descansar. Que el cansancio no les gane, que la fuerza del amor los anime para mirar m\u00e1s al otro \u2014al c\u00f3nyuge, a los hijos\u2014 que a la propia fatiga. Recuerden lo que les escrib\u00ed en Amoris laetitia retomando el himno paulino de la caridad (cf. nn. 90-119). Pidan este don con insistencia a la Sagrada Familia, vuelvan a leer el elogio de la caridad para que sea ella la que inspire sus decisiones y acciones (cf. Rm 8,15; Ga 4,6).<\/p>\n<p>De este modo, estar juntos no ser\u00e1 una penitencia sino un refugio en medio de las tormentas. Que el hogar sea un lugar de acogida y de comprensi\u00f3n. Guarden en su coraz\u00f3n el consejo a los novios que expres\u00e9 con las tres palabras: \u00abpermiso, gracias, perd\u00f3n\u00bb.[5] Y cuando surja alg\u00fan conflicto, \u00abnunca terminar el d\u00eda en familia sin hacer las paces\u00bb.[6] No se averg\u00fcencen de arrodillarse juntos ante Jes\u00fas en la Eucarist\u00eda para encontrar momentos de paz y una mirada mutua hecha de ternura y bondad. O de tomar la mano del otro, cuando est\u00e9 un poco enojado, para arrancarle una sonrisa c\u00f3mplice. Hacer quiz\u00e1s una breve oraci\u00f3n, recitada en voz alta juntos, antes de dormirse por la noche, con Jes\u00fas presente entre ustedes.<\/p>\n<p>Sin embargo, para algunos matrimonios la convivencia a la que se han visto forzados durante la cuarentena ha sido especialmente dif\u00edcil. Los problemas que ya exist\u00edan se agravaron, generando conflictos que muchas veces se han vuelto casi insoportables. Muchos han vivido incluso la ruptura de un matrimonio que ven\u00eda sobrellevando una crisis que no se supo o no se pudo superar. A estas personas tambi\u00e9n quiero expresarles mi cercan\u00eda y mi afecto.<\/p>\n<p>La ruptura de una relaci\u00f3n conyugal genera mucho sufrimiento debido a la decepci\u00f3n de tantas ilusiones; la falta de entendimiento provoca discusiones y heridas no f\u00e1ciles de reparar. Tampoco a los hijos es posible ahorrarles el sufrimiento de ver que sus padres ya no est\u00e1n juntos. Aun as\u00ed, no dejen de buscar ayuda para que los conflictos puedan superarse de alguna manera y no causen a\u00fan m\u00e1s dolor entre ustedes y a sus hijos. El Se\u00f1or Jes\u00fas, en su misericordia infinita, les inspirar\u00e1 el modo de seguir adelante en medio de tantas dificultades y aflicciones. No dejen de invocarlo y de buscar en \u00c9l un refugio, una luz para el camino, y en la comunidad eclesial una \u00abcasa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas\u00bb (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 47).<\/p>\n<p>Recuerden que el perd\u00f3n sana toda herida. Perdonarse mutuamente es el resultado de una decisi\u00f3n interior que madura en la oraci\u00f3n, en la relaci\u00f3n con Dios, como don que brota de la gracia con la que Cristo llena a la pareja cuando lo dejan actuar, cuando se dirigen a \u00c9l. Cristo \u201chabita\u201d en su matrimonio y espera que le abran sus corazones para sostenerlos con el poder de su amor, como a los disc\u00edpulos en la barca. Nuestro amor humano es d\u00e9bil, necesita de la fuerza del amor fiel de Jes\u00fas. Con \u00c9l pueden de veras construir la \u00abcasa sobre roca\u00bb (Mt 7,24).<\/p>\n<p>A este prop\u00f3sito, perm\u00edtanme que dirija una palabra a los j\u00f3venes que se preparan al matrimonio. Si antes de la pandemia para los novios era dif\u00edcil proyectar un futuro cuando era arduo encontrar un trabajo estable, ahora aumenta a\u00fan m\u00e1s la situaci\u00f3n de incerteza laboral. Por ello invito a los novios a no desanimarse, a tener la \u201cvalent\u00eda creativa\u201d que tuvo san Jos\u00e9, cuya memoria he querido honrar en este A\u00f1o dedicado a \u00e9l. As\u00ed tambi\u00e9n ustedes, cuando se trate de afrontar el camino del matrimonio, aun teniendo pocos medios, conf\u00eden siempre en la Providencia, ya que \u00aba veces las dificultades son precisamente las que sacan a relucir recursos en cada uno de nosotros que ni siquiera pens\u00e1bamos tener\u00bb (Carta ap. Patris corde, 5). No duden en apoyarse en sus propias familias y en sus amistades, en la comunidad eclesial, en la parroquia, para vivir la vida conyugal y familiar aprendiendo de aquellos que ya han transitado el camino que ustedes est\u00e1n comenzando.<\/p>\n<p>Antes de despedirme, quiero enviar un saludo especial a los abuelos y las abuelas que durante el tiempo de aislamiento se vieron privados de ver y estar con sus nietos, a las personas mayores que sufrieron de manera a\u00fan m\u00e1s radical la soledad. La familia no puede prescindir de los abuelos, ellos son la memoria viviente de la humanidad, \u00abesta memoria puede ayudar a construir un mundo m\u00e1s humano, m\u00e1s acogedor\u00bb.[7]<\/p>\n<p>Que san Jos\u00e9 inspire en todas las familias la valent\u00eda creativa, tan necesaria en este cambio de \u00e9poca que estamos viviendo, y Nuestra Se\u00f1ora acompa\u00f1e en sus matrimonios la gestaci\u00f3n de la \u201ccultura del encuentro\u201d, tan urgente para superar las adversidades y oposiciones que oscurecen nuestro tiempo. Los numerosos desaf\u00edos no pueden robar el gozo de quienes saben que est\u00e1n caminando con el Se\u00f1or. Vivan intensamente su vocaci\u00f3n. No dejen que un semblante triste transforme sus rostros. Su c\u00f3nyuge necesita de su sonrisa. Sus hijos necesitan de sus miradas que los alienten. Los pastores y las otras familias necesitan de su presencia y alegr\u00eda: \u00a1la alegr\u00eda que viene del Se\u00f1or!<\/p>\n<p>Me despido con cari\u00f1o anim\u00e1ndolos a seguir viviendo la misi\u00f3n que Jes\u00fas nos ha encomendado, perseverando en la oraci\u00f3n y \u00aben la fracci\u00f3n del pan\u00bb (Hch 2,42).<\/p>\n<p>Y por favor, no se olviden de rezar por m\u00ed, yo lo hago todos los d\u00edas por ustedes.<\/p>\n<p>Fraternalmente,<\/p>\n<p>FRANCISCO<\/p>\n<p>Roma, San Juan de Letr\u00e1n, 26 de diciembre de 2021, Fiesta de la Sagrada Familia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CARTA DEL SANTO PADRE FRANCISCO A LOS ESPOSOS\u00a0 Queridos esposos y esposas de todo el mundo: Con ocasi\u00f3n del A\u00f1o \u201cFamilia Amoris laetitia\u201d, me acerco a ustedes para expresarles todo mi afecto y cercan\u00eda en este tiempo tan especial que estamos viviendo. Siempre he tenido presente a las familias en mis oraciones, pero m\u00e1s a\u00fan durante la pandemia, que ha probado duramente a todos, especialmente a los m\u00e1s vulnerables. El momento que estamos pasando me lleva a acercarme con humildad, cari\u00f1o y acogida a cada persona, a cada matrimonio y a cada familia en las situaciones que est\u00e9n experimentando. Este contexto particular nos invita a hacer vida las palabras con las que el Se\u00f1or llama a Abrah\u00e1n a salir de su patria y de la casa de su padre hacia una tierra desconocida que \u00c9l mismo le mostrar\u00e1 (cf. Gn 12,1). Tambi\u00e9n nosotros hemos vivido m\u00e1s que nunca la incertidumbre, la soledad, la p\u00e9rdida de seres queridos y nos hemos visto impulsados a salir de nuestras seguridades, de nuestros espacios de \u201ccontrol\u201d, de nuestras propias maneras de hacer las cosas, de nuestras apetencias, para atender no s\u00f3lo al bien de la propia familia, sino adem\u00e1s al de la sociedad, que tambi\u00e9n depende de nuestros comportamientos personales. La relaci\u00f3n con Dios nos moldea, nos acompa\u00f1a y nos moviliza como personas y, en \u00faltima instancia, nos ayuda a \u201csalir de nuestra tierra\u201d, en muchas ocasiones con cierto respeto e incluso miedo a lo desconocido, pero desde nuestra fe cristiana sabemos que no estamos solos ya que Dios est\u00e1 en nosotros, con nosotros y entre nosotros: en la familia, en el barrio, en el lugar de trabajo o estudio, en la ciudad que habitamos. Como Abrah\u00e1n, cada uno de los esposos sale de su tierra desde el momento en que, sintiendo la llamada al amor conyugal, decide entregarse al otro sin reservas. As\u00ed, ya el noviazgo implica salir de la propia tierra, porque supone transitar juntos el camino que conduce al matrimonio. Las distintas situaciones de la vida: el paso de los d\u00edas, la llegada de los hijos, el trabajo, las enfermedades son circunstancias en las que el compromiso que adquirieron el uno con el otro hace que cada uno tenga que abandonar las propias inercias, certidumbres, zonas de confort y salir hacia la tierra que Dios les promete: ser dos en Cristo, dos en uno. Una \u00fanica vida, un \u201cnosotros\u201d en la comuni\u00f3n del amor con Jes\u00fas, vivo y presente en cada momento de su existencia. Dios los acompa\u00f1a, los ama incondicionalmente. \u00a1No est\u00e1n solos! 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El primer \u00e1mbito de la educaci\u00f3n sigue siendo la familia, en los peque\u00f1os gestos que son m\u00e1s elocuentes que las palabras. Educar es ante todo acompa\u00f1ar los procesos de crecimiento, es estar presentes de muchas maneras, de tal modo que los hijos puedan contar con sus padres en todo momento. El educador es una persona que \u201cgenera\u201d en sentido espiritual y, sobre todo, que \u201cse juega\u201d poni\u00e9ndose en relaci\u00f3n. Como padre y madre es importante relacionarse con sus hijos a partir de una autoridad ganada d\u00eda tras d\u00eda. Ellos necesitan una seguridad que los ayude a experimentar la confianza en ustedes, en la belleza de sus vidas, en la certeza de no estar nunca solos, pase lo que pase. Por otra parte, y como ya he se\u00f1alado, la conciencia de la identidad y la misi\u00f3n de los laicos en la Iglesia y en la sociedad ha aumentado. Ustedes tienen la misi\u00f3n de transformar la sociedad con su presencia en el mundo del trabajo y hacer que se tengan en cuenta las necesidades de las familias. Tambi\u00e9n los matrimonios deben \u201cprimerear\u201d[2] dentro de la comunidad parroquial y diocesana con sus iniciativas y su creatividad, buscando la complementariedad de los carismas y vocaciones como expresi\u00f3n de la comuni\u00f3n eclesial; en particular, los \u00abc\u00f3nyuges junto a los pastores, para caminar con otras familias, para ayudar a los m\u00e1s d\u00e9biles, para anunciar que, tambi\u00e9n en las dificultades, Cristo se hace presente\u00bb.[3] Por tanto, los exhorto, queridos esposos, a participar en la Iglesia, especialmente en la pastoral familiar. 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No porque estos vayan a desaparecer, sino porque podr\u00e1n verlos desde otra perspectiva. S\u00f3lo abandon\u00e1ndose en las manos del Se\u00f1or podr\u00e1n vivir lo que parece imposible. El camino es reconocer la propia fragilidad y la impotencia que experimentan ante tantas situaciones que los rodean, pero al mismo tiempo tener la certeza de que de ese modo la fuerza de Cristo se manifiesta en su debilidad (cf. 2 Co 12,9). Fue justo en medio de una tormenta que los ap\u00f3stoles llegaron a conocer la realeza y divinidad de Jes\u00fas, y aprendieron a confiar en \u00c9l. A la luz de estos pasajes b\u00edblicos, quisiera aprovechar para reflexionar sobre algunas dificultades y oportunidades que han vivido las familias en este tiempo de pandemia. Por ejemplo, aument\u00f3 el tiempo de estar juntos, y esto ha sido una oportunidad \u00fanica para cultivar el di\u00e1logo en familia. Claro que esto requiere un especial ejercicio de paciencia, no es f\u00e1cil estar juntos toda la jornada cuando en la misma casa se tiene que trabajar, estudiar, recrearse y descansar. Que el cansancio no les gane, que la fuerza del amor los anime para mirar m\u00e1s al otro \u2014al c\u00f3nyuge, a los hijos\u2014 que a la propia fatiga. Recuerden lo que les escrib\u00ed en Amoris laetitia retomando el himno paulino de la caridad (cf. nn. 90-119). Pidan este don con insistencia a la Sagrada Familia, vuelvan a leer el elogio de la caridad para que sea ella la que inspire sus decisiones y acciones (cf. Rm 8,15; Ga 4,6). De este modo, estar juntos no ser\u00e1 una penitencia sino un refugio en medio de las tormentas. Que el hogar sea un lugar de acogida y de comprensi\u00f3n. Guarden en su coraz\u00f3n el consejo a los novios que expres\u00e9 con las tres palabras: \u00abpermiso, gracias, perd\u00f3n\u00bb.[5] Y cuando surja alg\u00fan conflicto, \u00abnunca terminar el d\u00eda en familia sin hacer las paces\u00bb.[6] No se averg\u00fcencen de arrodillarse juntos ante Jes\u00fas en la Eucarist\u00eda para encontrar momentos de paz y una mirada mutua hecha de ternura y bondad. O de tomar la mano del otro, cuando est\u00e9 un poco enojado, para arrancarle una sonrisa c\u00f3mplice. Hacer quiz\u00e1s una breve oraci\u00f3n, recitada en voz alta juntos, antes de dormirse por la noche, con Jes\u00fas presente entre ustedes. Sin embargo, para algunos matrimonios la convivencia a la que se han visto forzados durante la cuarentena ha sido especialmente dif\u00edcil. Los problemas que ya exist\u00edan se agravaron, generando conflictos que muchas veces se han vuelto casi insoportables. Muchos han vivido incluso la ruptura de un matrimonio que ven\u00eda sobrellevando una crisis que no se supo o no se pudo superar. A estas personas tambi\u00e9n quiero expresarles mi cercan\u00eda y mi afecto. La ruptura de una relaci\u00f3n conyugal genera mucho sufrimiento debido a la decepci\u00f3n de tantas ilusiones; la falta de entendimiento provoca discusiones y heridas no f\u00e1ciles de reparar. Tampoco a los hijos es posible ahorrarles el sufrimiento de ver que sus padres ya no est\u00e1n juntos. Aun as\u00ed, no dejen de buscar ayuda para que los conflictos puedan superarse de alguna manera y no causen a\u00fan m\u00e1s dolor entre ustedes y a sus hijos. El Se\u00f1or Jes\u00fas, en su misericordia infinita, les inspirar\u00e1 el modo de seguir adelante en medio de tantas dificultades y aflicciones. No dejen de invocarlo y de buscar en \u00c9l un refugio, una luz para el camino, y en la comunidad eclesial una \u00abcasa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas\u00bb (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 47). Recuerden que el perd\u00f3n sana toda herida. Perdonarse mutuamente es el resultado de una decisi\u00f3n interior que madura en la oraci\u00f3n, en la relaci\u00f3n con Dios, como don que brota de la gracia con la que Cristo llena a la pareja cuando lo dejan actuar, cuando se dirigen a \u00c9l. Cristo \u201chabita\u201d en su matrimonio y espera que le abran sus corazones para sostenerlos con el poder de su amor, como a los disc\u00edpulos en la barca. Nuestro amor humano es d\u00e9bil, necesita de la fuerza del amor fiel de Jes\u00fas. Con \u00c9l pueden de veras construir la \u00abcasa sobre roca\u00bb (Mt 7,24). A este prop\u00f3sito, perm\u00edtanme que dirija una palabra a los j\u00f3venes que se preparan al matrimonio. Si antes de la pandemia para los novios era dif\u00edcil proyectar un futuro cuando era arduo encontrar un trabajo estable, ahora aumenta a\u00fan m\u00e1s la situaci\u00f3n de incerteza laboral. Por ello invito a los novios a no desanimarse, a tener la \u201cvalent\u00eda creativa\u201d que tuvo san Jos\u00e9, cuya memoria he querido honrar en este A\u00f1o dedicado a \u00e9l. As\u00ed tambi\u00e9n ustedes, cuando se trate de afrontar el camino del matrimonio, aun teniendo pocos medios, conf\u00eden siempre en la Providencia, ya que \u00aba veces las dificultades son precisamente las que sacan a relucir recursos en cada uno de nosotros que ni siquiera pens\u00e1bamos tener\u00bb (Carta ap. Patris corde, 5). No duden en apoyarse en sus propias familias y en sus amistades, en la comunidad eclesial, en la parroquia, para vivir la vida conyugal y familiar aprendiendo de aquellos que ya han transitado el camino que ustedes est\u00e1n comenzando. Antes de despedirme, quiero enviar un saludo especial a los abuelos y las abuelas que durante el tiempo de aislamiento se vieron privados de ver y estar&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":4605,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-4552","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-sin-categorizar"],"aioseo_notices":[],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/vicaria6.bizkeliza.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4552","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/vicaria6.bizkeliza.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/vicaria6.bizkeliza.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vicaria6.bizkeliza.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vicaria6.bizkeliza.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=4552"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/vicaria6.bizkeliza.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4552\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4703,"href":"https:\/\/vicaria6.bizkeliza.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4552\/revisions\/4703"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vicaria6.bizkeliza.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/4605"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/vicaria6.bizkeliza.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=4552"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/vicaria6.bizkeliza.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=4552"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/vicaria6.bizkeliza.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=4552"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}