ESPACIO DE OPINION
BLOG,  FAMILIA

LAS COSAS DEL QUERER

un blog lleno de amor

un blog de cartas, de experiencia de la vida

un blog de una abuela muy especial

LAS COSAS DEL QUERER

Os dejamos aquí una pequeña muestra….

CARTAS DE FAMILIA,

COSAS DE FAMILIA, QUE

ME GUSTARÍA CONTAROS.

Queridos lectores: Con permiso de ustedes, voy a comenzar una nueva sección de cartas a la familia. Ya expresé en mi sección de sexualidad todo lo que quería decir y en cambio en el terreno familiar, toda comunicación es poca. Estoy convencida de que las cartas entre la gente que se quiere son un magnífico recurso para decir cosas que la vida diaria dificulta. Más de una le he dejado yo una a mi marido, junto al cepillo de dientes, o bajo la almohada de un hijo al que quería decirle algo, que no había surgido en las prisas de la vida diaria, o por no haber encontrado el momento de intimidad adecuado. Por otro lado, lo escrito se puede leer y reflexionar una y otra vez, en cambio la palabra, conforme se va escuchando, uno está preparando la respuesta y la información no es tan completa, así que el regalo de una carta puede servir para expresar el cariño, compartir una confidencia o tratar temas importantes, casi sagrados, de esos que se dan en la vida familiar. Es curioso como una carta puede convertirse en un tesoro, al correr los años, aunque en su momento no se le diera tanto valor.

 Y, como familia tenemos todos, y andamos en tiempos revueltos amorosos, permítanme que aproveche esta primera misiva para explicarles el motivo de mi correspondencia doméstica.

 Creo que la familia es la institución que ha sobrevivido a más cambios de la historia y que es la que da estabilidad a la persona. Según haya sido la propia vida familiar, así tiene uno instaladas sus bases como ser en relación y, es en la familia, donde uno va creciendo en autoestima o en desvalorización personal, haciéndose un gran tipo o minimizándose, creándose como ser humano único o “va tirando” por la vida, sin ilusión y sin sueños.

 También es en la vida familiar donde se aprende a vivir en relación con los demás y es la amistad, el amor, la solidaridad, la aceptación o rechazo de los otros, la fiesta, las reuniones, las celebraciones, la individualidad y el conjunto, lo que se fomenta o frena en cada hogar. Por cierto que, como este número va dedicado a los medios de comunicación, quiero recordar cuánto ha influido la televisión en la vida familiar, y no precisamente para bien, porque, aunque nos mantiene muy informados, cuando en el hogar se enciende la tele, se apaga el diálogo y ese es uno de los grandes contenciosos que tiene la familia actual, que es el ganarle la partida a este aparato que nos entretiene y nos distrae tanto que, a veces, sabemos cómo está el Dr. Vilches, o Aída, y no tenemos ni idea de cómo está nuestro hermano, o nuestro padre, que come a nuestro lado.

 La vida de fe y el conocimiento de Dios también es dentro de la familia donde se contagia como experiencia gozosa, inexistente, rutinaria, superficial o profunda. El que desde su más tierna infancia se siente hijo de un Dios Padre que le acompaña siempre, y que tiene un gran sueño para cada uno de nosotros, da seguridad y fortaleza espiritual al individuo, mientras que, al que le han presentado al Dios castigador, vengativo, exigente de perfecciones y ritos vacíos de contenidos, vivirá incómodo con esta presencia interior, o intentará deshacerse de ella en cuanto pueda. Por tanto es importantísima la transmisión de la fe que hacemos en la vida familiar, para la felicidad del individuo, o para todo lo contrario.

 Dicen los expertos que todo ser humano lleva tras de sí a su familia y que son los primeros años de relación con los suyos, los que condicionan su presencia y relaciones en todos los ámbitos de su vida. La persona que vive en buena relación con toda su familia, se siente más seguro que la que tiene dificultades y desamores. La familia perfecta no existe, más que en el cine y en la literatura, pero existen familias felices y todos estamos a tiempo, siempre, de mejorar la nuestra, incluso cuando ya no vivimos en ella.

 Cuando una pareja inicia su relación, cada uno trae incorporada su familia, con sus hábitos y costumbres. Por eso al casarse, o formalizar la vida en común, tiene uno que saber que se une al otro, y también a los suyos, que “vienen en el lote personal” y será importante la relación que mantengan con la familia anterior, para la armonía de ambos. Tan malo es aislarse totalmente de las familias, como meterse de lleno en un clan cerrado que les robe la intimidad de ambos. Ese difícil equilibrio de distancia con una y otra familia, habrán de pactarlo los dos para vivirlo de manera satisfactoria para ambos.

 Toda familia posee dentro de sí la capacidad de sanarse, pero hay muchas familias enfermas, en las que hay heridas enquistadas, malos rollos, incluso algún miembro con el que ya no se relacionan. Para que uno viva en armonía personal, necesita tener bien situada a su propia familia, es decir, que si uno está enfadado con uno de los miembros, por algún problema que no se aclaró o no se supo perdonar, en un momento dado, necesitan reconciliarse y volver a encontrarse, rompiendo o aceptando el conflicto pasado, para vivir sana y armoniosamente. Incluso aunque haya fallecido la persona con la que tuvimos tensiones, es importante perdonarse y perdonarle, para no guardar ninguna “herida enquistada”. Y todo es perdonable, y al decir todo incluyo hasta todo tipo de aberraciones, malos tratos y disgustos, ya que todo lo que hacemos las personas tiene un por qué, aunque no lo entendamos, o no conozcamos el momento personal o desequilibrio emocional que en su día lo motivó. Quien ha tenido un familiar alcohólico o con cualquier dependencia que afecta a la armonía familia, necesita ser perdonado por los suyos, aunque ya haya fallecido, para que todos puedan recuperar su equilibrio emocional interno. También es importante sacar los trapos sucios a la luz, es decir, hablar con naturalidad los problemas con alguien, pues cuantos más secretos guardamos, más enfermos estamos y menos libres caminamos por la vida. Y en cambio, a mayor transparencia sentimos mayor libertad.

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